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Es probablemente la primera conversación y de las más habituales del ecosistema blockchain: Cuánto vale realmente la moneda más extendida, la más grande y la más salvaje, Bitcoin. ¿Es cero? ¿Es como el oro? ¿Es mayor aún?

Decía Antonio Machado que una cosa es valor, y otra precio. El valor del bitcoin es, por tanto, independiente de su cotización en cualquier momento, y para entender su valor -que según la escuela austríaca de economía es inmenso- hay que comprender bien su funcionamiento, porque sus propiedades derivan del genial sistema de creación y mantenimiento que utiliza.

No voy a ser técnico. No voy a hablar acerca de hashes, curvas elípticas, algoritmos criptográficos, nonces o árboles de Merkle (nada que ver con una canciller alemana). Esto hoy en día es muy fácil de encontrar y relativamente sencillo de entender.

Es mucho más interesante y útil entender su funcionamiento desde el punto de vista de organización, porque Bitcoin representa la primera organización autónoma descentralizada global de la historia.

¿Quién es el CEO? ¿Quién es el Director de Marketing? ¿Quién es el CTO? ¿Quiénes son sus empleados? ¿Quién toma las decisiones? ¿Quién hace el sistema seguro? ¿Quién lo mantiene? ¿Quién arregla los problemas? ¿Quién programa el nuevo código y las nuevas actualizaciones? ¿Quién, quién…?

Y sin embargo, las decisiones se toman, el código se actualiza y mantiene, y todo el mundo ha oído hablar de Bitcoin.

Hay que analizar cuántos actores intervienen y cuál es la relación entre ellos, para entender cómo es posible que un sistema no-jerárquico como éste, horizontal, sin nadie al volante, funcione.

Y es muy poco intuitivo. Porque es la primera vez en la historia que vemos un sistema así con estas dimensiones. No hay referencias previas.

 

Su funcionamiento comparado con una organización tradicional

Para entender el funcionamiento de Bitcoin hagamos una analogía con la organización de un grupo extenso de individuos bajo un sistema político moderno: existen tradicionalmente tres poderes, legislativo, ejecutivo y judicial.

Aquí se encuentran los principales actores, también en Bitcoin:

1. El poder legislativo

El poder legislativo lo tienen los creadores del código, en este mundo donde el código es ley. ¿Quiénes lo crean? Básicamente, programadores de todo tipo a lo largo del mundo, freelances, asalariados o entusiastas.

Todo aquél que quiera formar parte de una versión de desarrollo se junta de forma transparente y abierta en una conocida web de desarrolladores donde aquellos con mayores y mejores contribuciones proponen periódicamente una mejora del código –llamadas BIPs-.

Una vez codificada, el resto de la comunidad la analiza en búsqueda de errores, siempre que les parezca acertada la iniciativa, claro. Al terminar, la propuesta queda cerrada. Pero esto no garantiza que se apruebe, quedan muchos más actores por convencer.

2. El poder judicial

A continuación encontramos el poder judicial: los mineros. Son aquellos que juzgan la validez de las transacciones, poniendo toda la potencia de cálculo de la que disponen a tal fin.

Es importante entender que el interés de los mineros es puramente económico.

Están jugando a un juego, mundial, -pseudo- anónimo, donde la recompensa hoy son 12,5 monedas del propio sistema si se consigue resolver un problema matemático nuevo que aparece cada 10 minutos.

Es este interés egoísta en ganar este juego el que se aprovecha de forma genial para, de paso, verificar las transacciones de todos los usuarios y asegurar la red ante ataques externos.

Esto es la teoría económica de Adam Smith aplicado a la era digital de una forma realmente espectacular:

“It is not from the benevolence of the butcher, the brewer, or the baker that we expect our dinner, but from their regard to their own self-interest.»

3. El poder ejecutivo

Y por último, encontramos el poder ejecutivo, los nodos. Son ordenadores que -en principio- disponen de una copia actualizada de la blockchain y se encargan de insertar las transacciones ‘dentro’ de la red.

Son una puerta al sistema, donde cualquiera puede ser un nodo, sólo hay que descargar el último software disponible y conectarse a internet.

Entusiastas, empresas, negocios, emprendedores, usuarios, inversores… Cualquiera persona –y cualquier cosa– puede serlo. No hay que pedir permiso a nadie.

Esto hace que sea muy heterogéneo el número de nodos que existen -y sus intereses- y que sea por tanto muy complicado ponerles a todos de acuerdo. A no ser que el código se mantenga fiel a los principios con los que se creó.

Los principios de Bitcoin

Y esto es clave. Los principios son lo que mantiene unido al sistema. La razón por la que es incómodo y es considerado semilla del mal para determinados banqueros centrales:

Bitcoin permite liberarse completamente del dictado económico de gobiernos y bancos centrales mediante la criptografía y la descentralización, de forma privada. Así lo diseñó Satoshi Nakamoto, quien quiera que sea.

Es el dinero más sólido jamás creado, digital, abierto, universal, privado, incensurable, cuya masa monetaria no puede ser modificada por ninguna organización privada o pública como un gobierno o un banco.

Ése es su valor. A la red de Bitcoin le importa muy poco el poder que representes, lo popular que seas, el dinero que tengas, tus habilidades o tu status social.

Lo único que le importa es si eres capaz de conseguir el consenso entre todos estos actores. Es la única forma de cambiar su política monetaria, y así es como está diseñado.

Más que resistente

Es cierto que, hablando de bitcoin, el funcionamiento del sistema no es perfecto. Empezando por la centralización de minado, los conocimientos técnicos para instalar un nodo, velocidad y escalabilidad de las transacciones, etc.

Y además desde un punto de vista práctico, el funcionamiento de esta toma de decisiones es muy lento… pero hace al sistema increíblemente robusto. Absurdamente resistente. Anti-frágil.

Esta toma lenta de decisiones es una propiedad, no un problema. Porque si la propuesta final de los programadores consigue poner de acuerdo a decenas de miles de personas a lo largo y ancho del mundo con diferentes intereses, idiomas, nacionalidades y situaciones, progresará.

De forma colectiva, la decisión se tomará. El código se desarrollará, los nodos lo implementarán, los mineros validarán, y los usuarios lo utilizarán. 

Y será imposible de detener.